jueves, 22 de marzo de 2007

Marciano Duran

¡Vieja, acompañame al supermercado!

Cuando era chico no me gustaba ir a jardinera, pero después que entraba no me sacaba nadie.
Con los supermercados me pasa lo mismo.
La diferencia es que en jardinera era menos infantil y me manejaba con más madurez.
En el supermercado soy un desastre.
Compro cualquier porquería a cualquier precio.
La primera vez que se me abrieron los dos portoncitos sin que yo los tocara no entendí bien cómo lo hacían, así que intenté volver a pasar y ya no pude.
Ese día me di cuenta de que me tenían encerrado y que solamente me dejarían salir si pasaba por las cajas.

–¿No tendrán un carro más chico? ¡Este es enorme!

–Es para que tengas la sensación que te faltan comprar cosas, Bacigalupe.
El mensaje es: “Le cabe algo más, puede seguir comprando tranquilo”. Pero vos no te enloquezcas viejo, ahora los dos ya sabemos que no es obligación llenarlo– dijo mi mujer que de esto sabe bastante.–El otro día te mandé a comprar un pan y apareciste con un casco de moto.

–Porque buscando la panadería dentro del supermercado me encontré con el casco que estaba regalado.

– Bacigalupe… nosotros no tenemos moto. Y la panadería te la pusieron en el fondo para que al buscarla te cruzaras con el casco. ¿Viste que estamos entrando por la derecha? ¿Te habías dado cuenta de que en todos los súper se entra por la derecha?

–¡Tenés razón, no me había dado cuenta! ¿Por qué?

–Porque necesitan que transites por tu derecha. Fijate, recién entramos y ya nos pusieron los electrodomésticos cerquita ¿Sabés por qué lo ponen cerca de la entrada? Por que a esta altura un microondas todavía cabe en el carro. Es ahora o nunca, Bacigalupe, ahora lo tenemos vacío, ahora podemos meter un equipo de audio. Y también saben que el carrito lo estás llevando por la derecha… fijate si te miento.

–¡Qué hijos de la madre! ¿Y cómo sabían que yo lo iba a llevar por este lado?

–Porque lo manejás como si fuera un auto, dejando que los que vienen de frente tomen la otra senda. Lo que te quieren vender lo ubicaron a tu derecha.

–¡No me van a joder! Vamos… me voy derecho para el fondo sin comprar nada.

–Previsible, Bacigalupe. Eso también lo saben. Saben que el primer pasillo se hace rápido yendo hacia el fondo a devolver envases o a buscar la panadería, todos hacemos lo mismo. Y también saben que vas a recorrer el supermercado en el sentido contrario a las agujas del reloj. Estate atento porque a partir de este momento vas a recibir 300 estímulos por minuto. La tienen clara Bacigalupe, por eso no podés venir solo.

–Entonces vamos más rápido.

–No va a ser tan fácil. Ellos calcularon que vamos a estar 55 minutos. Ahora van a tratar de mantenernos más tiempo.

–¿Nos van a atar?

–Más o menos. Escuchá la música. ¿Viste qué suavecita, qué tranquila, qué lenta?

–Psé, nunca una marcha.

–Es para que compres a ese ritmo, para que te tomes el tiempo y que con calma pongas muuuuchas cosas en el carrito. ¡Ojo, se te termina el pasillo! Ahora vas a girar a la izquierda donde te espera Mimi.

–¿Mimi Pons?

–¡Nooo! Mimi quiere decir “Magnética-Impulsiva-Magnética-Impulsiva”. Son zonas: una Magnética con carne, fruta o pan y una Impulsiva con chocolate, libros o juguetes. Te meten una y una. Mirá…enfrente al papel higiénico pusieron los juguetes, enfrente a los útiles escolares las golosinas.

–Me hiciste acordar. Voy a comprar unos silvapenes.

–Marcadores de fibra, Bacigalupe, se llaman marcadores de fibra. Los silba-penes son otra cosa.

–Perdoname vieja, no te escuché. Me distraje porque este carro está roto, las ruedas se me trancan y se me va un poquito hacia la izquierda, voy a cambiarlo.

–No te gastes, viejo. Todos los carros se van un poquito para ese lado, por eso lo tenés que llevar con la izquierda. La idea es que te quede libre la derecha y que la uses para cargar con libertad ¡Dejá esa tenaza que no la necesitamos!

–Lo que pasa es que está regalada. Fijate 73 pesos, antes 150.

–El que está regalado sos vos. Siempre estuvo a 73. ¡El cartelito lo pusieron para vos!

–No encuentro el azúcar.

–Porque los productos de primera necesidad te los cambian de lugar todas las semanas. Te van a hacer caminar y mirar, van a hacer que uses esa mano derecha que te dejaron libre. Seguro que el azúcar no está en la zona fría.

–¿En la cámara frigorífica?

–Zona fría se le dice a los lugares del súper donde te tienen que convencer para que compres. En la zona caliente comprás solito, siempre está lleno de carritos y de gente.

–Los voy a joder, me voy a llevar esta oferta, te dan tres kilos de azafrán y pagás dos.

–¿Sos tarado, Bacigalupe? ¿Qué hacemos con tres kilos de azafrán? No lo necesitamos aunque nos cobren cien gramos.

–Entonces voy a enloquecerlos. En vez de ir hasta el final del segundo pasillo, voy a volver cuando llegue a la mitad.

–Ya lo saben.

–¡¿Cóóómo que ya lo saben?! ¿Vos les dijiste algo?

–¡No! Lo que pasa es que antes la gente empezaba por el primero y terminaba por el último… como cosiendo el supermercado. Pero ahora son muy grandes, así que ellos saben que cuando llegues ahí, donde está el aceite, vas a dar vuelta. ¿Viste? ¡Girasteeee! Y partir de ahora vas a elegir sólo algunos pasillos, vas a hacer una excursión hasta el medio y vas a volver. Y cuando llegues al final de la góndola te estará esperando una promotora para ofrecerte algo que vos no viniste a comprar.

–Ya que sabés tanto ¿tenés idea de por qué diablos ponen los huevos contra el piso? ¿Es para poder vender antirreumáticos después?

– Pensá, mi amor, fijate: ¿cuántos niveles tiene la estantería?

–Cinco…pero te pregunté por qué ponen los huevos allá abajo.

–Porque los precisás, mi amor, y como los precisás no tienen necesidad de vendértelos

–¡No te pueeeeedo creer!

–Abajo ponen lo que precisás sí o sí. A nivel de las manos lo de deja buen margen y a nivel de los ojos las compras por impulsos.

–Te entiendo… los huevos por el piso y recién entramos. Pero mirá… en algunas cosas le erraron. Fijate este pasillo: se paró esa vieja a mirar los jabones y esa flaca a probarse perfumes, de frente viene un pelado y yo no puedo pasar porque cuatro carros a la vez no pasan. Acá se te quemaron los papeles.

–Esa es la idea Bacigalupe, fíjate…estás agarrando la pasta de dientes mientras esperás que pase el señor.

–¿Me vas a decir que me mandaron a la vieja, la flaca y el pelado para que yo compre la pasta de dientes?

–Más o menos. De cualquier manera nosotros no precisamos pasta de dientes y menos esa que trae un cepillo de regalo, porque cepillos en el vasito tenemos más de quince.

– ¿Cuánto hace que estamos acá adentro?

–Si no trajiste reloj no hay cómo saberlo. Como verás no hay un solo reloj en las paredes y los relojes que venden tienen todos horas distintas. Es más… por más que busques no vas a encontrar ventanas y las puertas de vidrio te las taparon con publicidad. La idea es que ya no pertenecés al mundo ese que tiene problemas. Acá adentro no existe inseguridad, ni pobreza, ni cortes de puentes, ni dengues. Acá no vive Lacalle, ni Batlle, ni Tabaré. Este lugar es como para quedarse a vivir, es necesario que pierdas la noción del tiempo y compres más y más. ¡Afuera no existe! No te estás perdiendo ningún día de playa ni tenés que ir a entrar la ropa porque llueve. ¡Afuera no existe! En invierno tenés calefacción, en verano aire acondicionado. Disfrutás y comprás. Estás en otro mundo, en un mundo paralelo.

–Para lelos será. Un mundo para lelos.

–Un mundo distinto, con otros colores.

–¿Colores?

–Sí, fijate: luces rojas en la carnicería para mejorar las carnes. Luces amarillas en los quesos. Luz brillante en la pescadería. Verde en la frut… ¿Adónde vas?

–Sigo estas huellas pintadas en el piso.

–¿Sos tarado Bacigalupe? Donde terminan esas huellas hay algo que no precisás esperando que lo compres.

–¿Vos estudiaste, vieja, o es de tanto venir?

–Dejá esos maníes que nadie los anotó en la lista. Arrancás por los maníes, pasás a las papitas, de ahí al vermouth y terminás comprando una tele para acompañar la picada. Eso se llama Venta de Arrastre. Fijate… al lado del asado pusieron la leña, el carbón, el mojo, los pinchos, las tablas, el kerosene, los fósforos y hasta la barbacoa.

–Pero en la verdulería los jodo. Me pusieron bandejitas con seis cebollas para que compre más de las que preciso, así que me sirvo yo mismo, yo las peso y llevo lo que se me da la gana.

–También… lo hacen adrede. Porque ellos saben que la mayoría de las personas no sabe calcular y llevan más de lo que precisan.

–Bien, pero estas cebollas están a 13 pesos, están baratas.

–Avivate. Te ponen precios terminados en 1, 3 y 7 porque trasmiten sensación de precio justo. Les ponen también centésimos. Es como si el que pone los precios razonara: “esto es realmente lo que vale, si quisiera aumentarlo lo redondearía en 5 o en 0 y si quisiera mentir lo llevaría a terminar en 9, esto sí que es lo que vale”. Fijate Bacigalupe, girá la cabeza… todo termina en 1, 3 y 7 o tiene centésimos.

–¡Sííííí, no puedo creer!

–Bien, ahora que estamos llegando a las cajas, vas a ver que todos sacan a pasear el carro lleno. Ya compraron todo, pero para ellos un carro lleno es una medida social, es como un auto o una casa. Tienen que mostrarlo. Nosotros mientras tanto, vamos para la caja con este pan y esta leche. Eso sí, una última recomendación. Cuando lleguemos a la caja mandate unos mensajes de texto, hacete alguna llamadita o buscá algo para leer, porque ahí se juegan la última carta.

–¿En la caja?

–Sí, son los últimos minutos que les queda para hacerte comprar algo que no precisás. Te ponen de todo al alcance de la mano.

–Mirá vieja, pilas, me acordé que tengo que llevar pilas.

–¡Nadaaaa! ¿No ves que están puestas para que las agarres? Dale, llamá por teléfono, hacé algo ¡Largá esos preservativos! ¡Noooo! ¡Soltá ese salamín finito! ¡Noooo! ¡Aguantá un poquito más, que estamos saliendo invictos!

–Ya está, vieja. ¿Triunfamos?

–Pará. Me falta la última.

–¿La última?

–Le voy a preguntar a la cajera si quiere colaborar, si quiere donar dos pesos para comprarle una tenaza a Bacigalupe.

–¿Y pensás que te va a dar?

–No… pero si le gano de mano, no se va a animar a pedirme nada.

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